jueves, 7 de mayo de 2015

I.

A cincuenta pasos de mí está tu espalda.

Es una geografía de señales y metas por las que aprendí a perderme
para ser yo misma

Lo sé porque leí en una revista que querer es viajar,
y viajar es volver,
y volví a ti como cualquier adicto a la vida. 


domingo, 22 de marzo de 2015

The trick.

Un día se cansó. Quedó harta de la falta de fascinación que habitaba en su vida. Se mostró reacia a seguir, por tiempo indefinido, en la misma ciudad de siempre. Las mismas caras lavadas, las mismas manos llenas de conceptos baratos sobre la vida, los mismos cereales para desayunar.

Cuando uno se levanta cada mañana, se cepilla el pelo con la sórdida esperanza de poder volver a dormir y soñar, y entonces cae en la cuenta. 'Hoy es sábado y estoy viva'. Y podía repetirse la misma idea cada mañana, o coger una bici y desaparecer en el espacio de unas cuatro horas. A punta de reloj.

Las niñas no la echarían de menos. No demasiado. Ellas permanecerían absueltas hasta las once. Seguramente la menor de las dos despertaría primero. El sol estival, el calor emancipado de una casa, el silencio del exprimidor que, ciertamente, no suena. Esa sería la primera alarma. A continuación, con un sonido de pies chocante, despertaría a su hermana mayor. Seguro que ella sabría cómo lidiar con la soledad de un abrazo despertador que no llega. Por mucho que griten su nombre y rebusquen en el jardín, en cada piedra, en la caseta del perro, de poco les serviría.

Pero no habría por qué dejarse llevar por el pánico. Mamá estaría de vuelta para la hora de comer. Ese pollo en salsa no iba a hacerse solo. Un cadáver medio desecho no resultaría tan difícil de esconder.

jueves, 5 de marzo de 2015

Tenía la mirada en los pies. A menudo, cuando bailaba, sus formas se movían al tacto de las paredes, los comensales, las mesas y las copas. A menudo, casi siempre, acertaba a inclinar una mano, imagen de un alzamiento aviario hacia lo más blanco del techo. Las yemas alcanzaban todo lo que su cuerpo abandonaba en el suelo. Bailar era recordar, adormecer la vida en un beso. 

Guardaba los silencios, desparpajos y nunca dichos en el kilómetro cero de sus manos. Ardían demasiado como para verlos crecer...
Puso los ojos en la estampida de sus talones.

viernes, 30 de enero de 2015

Sin medida.

Necesitamos disparos en el corazón, balas en el pecho. Ojos que miren y acaricien, se acerquen y te extrañen. Amor de tímpano y talante, embriaguez de cada noche. Espejo de un mar sentado, que sepa de fecha y hora. El sonido de un cuerpo sin nombre, que produzca calambre al pasar. Una botella compartida como derrota de un mal sueño. La victoria de unos labios que apenas se conocen, ya se tocan. El valor de admitir lo que quieres y a quién (le importa). Clamar al miedo que espere, clavar una flecha en su ombligo. Saber contar; que uno y la soledad cuentan, pero no suman tanto. Encontrar a quién, la forma y el cuándo.

Necesitamos ruido certero, de cerca, en ambos lados. 
Necesitamos más disparos, rojeces en el corazón.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

I.

Tú decías conocerme bien, como te conoce un amigo más allá de las sábanas. 
Venías todos los martes dispuesto con un mantel rojo. A las doce lo extendíamos sobre la mesita de café, distribuyendo el espacio acorde con nuestros pensamientos del día. Una taza por aquí, una salpicadura de café amargo resbalando por ambas mejillas. Nunca llegamos a regalarnos flores.

El ritual de la comida comenzaba hablando de los vecinos nuevos, instalados no hace más de dos semanas. Ella tenía un cuerpo desestructurado, con los brazos demasiado abiertos, como incentivando una pregunta neutral. Una larga melena se encogía en sus hombros. Tú decías conocerla bien, como se conocen dos amigos sin ni siquiera haberse besado.

Por la forma en que describiste sus andares, decidí pensar que te habías enamorado de ella.
Ambos nos habíamos besado ya, y sin embargo, no me conocías.